La Historia del Club Des Hashischins. El Club del Hachís de París

Club des Hashishins

Durante la década de 1840, en París, un grupo selecto de destacados escritores y artistas franceses, como Théophile Gautier, Charles Baudelaire, Eugène Delacroix, Alexandre Dumas y Victor Hugo, se aventuraron a experimentar con el hachís, inspirados por relatos de soldados franceses en África del Norte y las historias de Las Mil y Una Noches. 

Fascinados por las experiencias místicas y la posibilidad de trascender la realidad a través del consumo de hachís, fundaron el Club Des Hashischins. Esta élite artística llevó a cabo sesiones mensuales, plasmando sus vivencias, tanto positivas como críticas, en diversos artículos y libros. Esta es una historia real.

Historia del Club del Hachís: Un encuentro de almas inquietas

Era una noche fría de diciembre en París, cuando, después de recibir una carta de tintes misteriosos, decidí dirigirme hacia una dirección desconocida para mí. La curiosidad se apoderaba de mí a cada paso que daba hacia la Île Saint-Louis, una de las dos islas naturales del corazón de la ciudad, en medio del Sena, donde el tiempo parecía haberse congelado.

Al llegar, una mansión antigua, el Hôtel Pimodan, se alzaba majestuosamente ante mis ojos, como un recuerdo del pasado que resistía el embate del presente. Aquel era el lugar secreto del famoso Club des Haschischins de París. 

Tras cruzar sus puertas, fui inmediatamente abrazado por una atmósfera cargada de misterio y emoción. Allí estaban, sentados en círculo y absortos en animadas conversaciones, los genios literarios y artísticos de la época: Victor Hugo, Alexandre Dumas, Charles Baudelaire, Eugène Delacroix, Gustave Flaubert, Théophile Gautier, Honoré de Balzac, Gérard de Nerval, Arthur Rimbaud y otros cuyas obras habían adornado las mesillas de noche de muchos lectores.

Los miembros del club compartían una pasión común: la exploración de la mente y el alma a través de experiencias inducidas por el hachís. 

En aquel entonces, gracias a las expediciones de Napoleón a Egipto a finales del siglo XVIII y principios del XIX, y la conquista francesa de Argelia entre 1830 y 1847, el hachís había comenzado a ganar popularidad en Europa, especialmente entre círculos literarios, artísticos y científicos.

Con la precaución y el respeto que merece cualquier substancia que altera la percepción, se nos presentó una pequeña cantidad de dawamesc, una pasta verdosa comestible hecha de resina de cannabis mezclada con grasa, miel y pistachos, tradicional de Argelia. El sabor era amargo pero dulce, y pronto, aquel manjar comenzó a obrar su magia en nuestras mentes.

Las paredes del Hôtel de Lauzun comenzaron a vibrar con colores y formas cambiantes, mientras las conversaciones se tornaban cada vez más profundas y filosóficas. Los límites entre la realidad y la fantasía se difuminaban, y cada uno compartía sus sueños, miedos y deseos más profundos.

En medio de esa euforia, recordé las palabras del Dr. Jacques-Joseph Moreau, quien, después de estudiar los efectos del hachís durante sus viajes por Egipto, Siria y Asia Menor, concluyó que esta substancia ofrecía una ventana hacia el sueño, la alucinación y el delirio. 

Pero a pesar de las maravillosas experiencias, el club también recordaba la importancia de mantener una mente clara. Como mencionaba Gautier, “el verdadero escritor sólo necesita sus sueños naturales”.

Henri Fantin-Latour. Coin de table, en 1872
Un coin de table (Un rincón de mesa), de Henri Fantin-Latour, 1872. Aparecen algunos miembros del Club Des Hashashin.

El legado del Club des Hashischins

Con el paso del tiempo, el Club del Hachís se disolvió, pero su legado persiste. No se trata tanto de la sustancia en sí, sino de la búsqueda constante del ser humano por entenderse a sí mismo, por conectar con otros, y por trascender las barreras de la realidad cotidiana.

Hoy es un buen momento para recordar el espíritu de aquel club privado de París de mediados del siglo XIX: la curiosidad, el respeto, la conexión con las personas y con uno mismo, y el descubrimiento a través de la experimentación. 

En un ambiente cargado de misterio y creatividad, estos visionarios buscaban trascender los límites convencionales de la percepción y sumergirse en profundidades desconocidas de la mente. Inspirados por el exotismo del oriente y el deseo de comprender la naturaleza humana desde una perspectiva alterada, el Club des Hashischins se convirtió en un símbolo del deseo intelectual de romper fronteras, no solo en el arte y la literatura, sino también en el entendimiento del yo y del mundo que nos rodea.

Las sesiones y experimentaciones con hachís del Club des Hashischins dejaron una marca en las obras de sus miembros. Théophile Gautier detalló su vivencia en “Le Club des Hachichins” (1846). Charles Baudelaire, en “Les Paradis Artificiels“, exploró el mundo de las drogas, destacando tanto sus peligros como sus sensaciones. El Dr. Jacques-Joseph Moreau, por su parte, realizó en 1845 uno de los primeros análisis científicos sobre el hachís en “Du hachisch et de l’aliénation mentale“. 

Gaetano Previati pintó The Hashish Smokers en 1887, una representación visual vívida y colorida de personas sumidas en el acto de fumar hachís, con una paleta de colores y un estilo que captura la atmósfera etérea y ensoñadora asociada con el efecto de la droga. Aunque no está relacionado directamente con el club, es un ejemplo de cómo el tema del consumo de hachís y las experiencias alteradas de la percepción, capturaron la imaginación de artistas y escritores europeos durante el siglo XIX.

Previati Gaetavo - Hashish smokers
The Hashish Smokers, Gaetano Previati, 1887.

Esta pintura refleja el interés y la fascinación de la época por temas exóticos y místicos, y se alinea con la tendencia de la época de explorar y representar lo Oriental y lo desconocido en el arte.

El interés en explorar y narrar los efectos del hachís fue un fenómeno que trascendió fronteras en el siglo XIX, siendo testimonio de la curiosidad de muchos artistas por explorar los confines de la mente y la conciencia. Al otro lado del océano, unos años después, Fitz Hugh Ludlow publicaba en 1857 “The Hasheesh Eater”, donde también se narran sus experiencias después de consumirlo. 

Inspírate

La próxima vez que te reúnas con amigos, ya sea para compartir un momento de relajación o simplemente para conversar, recuerda el espíritu del Club des Hashischins. Sumérgete en las profundidades de tu mente, escucha con el corazón y déjate maravillar por el momento.

Después de todo, como decía Baudelaire, “Uno debe estar siempre ebrio. De vino, de poesía o de virtud, como quieras. Pero embriágate”. Y si esa embriaguez viene de una buena conversación, mejor aún. Esperamos que este relato te haya inspirado. ¡Hasta pronto, Cannactivista!

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